Hablando de todo y de nada, cosas serias y coñas varias. Política, humor, música y relatos. Todo cabe aquí.
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lunes, 20 de julio de 2015
147. Raro
Soy raro. Me ha llevado tiempo darme cuenta de ello, pero ya lo voy teniendo claro. Afortunadamente, la sociedad va marcando el camino y me señala como raro por no seguirlo siempre.
Sí, la sociedad ya se encarga de advertirme y corregirme cuando algo no se ajusta a lo que hace la mayoría. Menos mal, a ver si aprendo.
Soy raro porque ni me gustan los centros comerciales. Los odio. El maravilloso plan de fin de semana para muchas familias de ikea + compras + esperar dos horas a tener mesa y comer + cine palomitero + parking + una hora de atasco para salir, pues como que no me llena.
Soy raro porque no quiero ir al cine el finde del estreno. Prefiero un martes a las 3 semanas, sin gente ni gritos. Y sí, soy asocial, prefiero un par de filas alejado de los otros 10 asistentes, a quienes el taquillero ha puesto todos juntos.
Soy raro porque prefiero volver andando a casa desde el centro un viernes por la noche, lo que me lleva casi una hora, que coger un taxi y llegar en 10 minutos.
Soy raro porque disfruto dando un largo paseo a mi perro un día de lluvia, que limitarnos a ir a la esquina y volver.
Soy raro porque odio los compromisos sociales en bodas, comuniones, etc. Invitar por compromiso, regalar por el qué dirán, cumplir tradiciones.
Soy raro porque prefiero regalar una chorrada en un cumpleaños de alguien cercano que le haga ilusión, que tener que ceñirme a un presupuesto. Incluso no regalar pero sorprender cualquier otro día del año.
Soy raro porque prefiero la playa en otoño o invierno que en verano.
Soy raro porque cada vez me gusta menos el fútbol.
Soy raro porque sigo creyendo en Equo.
Soy raro porque por un amigo estaría toda una noche en vela o conduciría mil kilómetros para ayudarle.
Soy raro porque paso de combinar la ropa. Nunca me ha preocupado.
Soy raro porque jamás vestiría a mi hija de rosa o le pondría pendientes, a menos que ella me lo pida.
Soy raro porque no bebo. Bueno, casi, que a veces me obligan.
Soy raro porque en los restaurantes prefiero pedir una jarra de agua a botellas de agua mineral.
A ver si la sociedad me endereza de una vez...
miércoles, 13 de febrero de 2013
domingo, 8 de julio de 2012
101. Pequeño Da
La vida se puede dividir por etapas. Unas más cortas y otras más largas. Mientras que de algunas, unas pocas, puedes definir claramente su alcance, la mayoría tienen una duración indeterminada. No se puede decir que nada en esta vida sea fijo, todo tiene un comienzo y un final. Lo que nos parece que estará ahí para siempre algún día se irá, y por eso mismo debemos aprovechar al máximo cada minuto, para que al llegar el momento del cambio no nos arrepintamos de lo que hemos dejado de hacer.
Eso de aprovechar al máximo es algo que me ha enseñado mi amigo David. El pequeño Da. Un chico "de pueblo" que llegó a Madrid hace más de 6 años, con su título de ingeniero bajo el brazo (en lugar de gallinas) y unas ganas tremendas de comerse el mundo. Le conocimos en aquella quedada de abril de 2006, casi por casualidad, y quién nos iba a decir que acabaríamos viviendo tantas y tantas cosas juntos.
Tu primer viaje en avión, a Barcelona, seguido de otros tanto vuelos que hemos tenido juntos, como a Bruselas, París, Fráncfort o Nueva York. Es imposible ponerme a resumir ahora todas las cosas que hemos hecho juntos, porque podría estar escribiendo horas, y me dejaría muchas en el tintero. Pero en estos 6 años hemos vivido juntos las inolvidables Noches en Blanco, con nuestras cenas sentados en la calzada de la Gran Vía, tus Madriversarios, la fiesta de la fertilidad castiza, las fiestas de agosto en mi casa, las fiestas chonis, los Orgullos, el Photomaratón, las tardes de Retiro, los picnic, el chino chachi, las pelis de Saw (¡se nos ha quedado el maratón pendiente!), las de Rec, las escapadas a tu pueblo, las noches en casa de Lupi... Y muchas cosas más aún que no menciono.
Y ahora esta etapa llega a su fin. Creo que aún no soy consciente de lo que te voy a echar de menos. Madrid no será lo mismo sin ti.
Sé muy feliz en esta nueva aventura. Te vas a comer tu nueva ciudad, ya lo verás. Y dentro de un tiempo tendrás muchísimas cosas nuevas que contar. Sobre todo, no dejes de ser tú mismo. Porque eres increíble.
Ah, y felicidades ;) Bievenido a la década de los 30 ^^
lunes, 15 de marzo de 2010
025. Breve felicitación
Empezó siendo [Otacon], o mamá Tacones, el organizador de las quedadas del IRC en el Marichino de Hortaleza. Ahí le conocí, y aunque al principio no teníamos confianza ni nos podíamos considerar amigos, algo de complicidad comenzó cuando, en aquella noche frente al LP, nos cruzamos sonrisas cuando me marché de la mano de M.
Le visité en Berlín, y tiempo más tarde en Frankfurt (perdón, Fráncfort del Meno), y queda en mi "falta" el no haberle visitado en Tokyo. Bueno, habrá ocasión, porque otra cosa no, pero viajes es lo que nunca nos faltará. Ya sea de forma presencial o a través de sus guías, me ha acompañado en algunos de los viajes más emocionantes. Y es que compartir tu principal pasión con otra persona es de lo que más puede unir. Sabe lo que le envidio por disponer del tiempo para visitar cuantos países quiera, y sabe también que muchos nos quedan por visitar juntos. Con él descubrí Nueva York (aunque no Soho ni TriBeCa), y con él seguramente cumpla dentro de poco mi deuda escandinava.
Y un amigo no es tal si no se comparten también los malos momentos, y de eso sabemos mucho. Ambos nos hemos apoyado en el hombro del otro para llorar nuestras penas, y santa paciencia ha demostrado para aguantar mis rayadas mentales y mis bajones dominicales.
Por eso le echo tanto de menos. Y por eso espero con impaciencia que llegue el mes que viene para tenerle de nuevo por Madrid.
¡¡¡Muchas zas-zas-felicidades, Pablito!!!
Le visité en Berlín, y tiempo más tarde en Frankfurt (perdón, Fráncfort del Meno), y queda en mi "falta" el no haberle visitado en Tokyo. Bueno, habrá ocasión, porque otra cosa no, pero viajes es lo que nunca nos faltará. Ya sea de forma presencial o a través de sus guías, me ha acompañado en algunos de los viajes más emocionantes. Y es que compartir tu principal pasión con otra persona es de lo que más puede unir. Sabe lo que le envidio por disponer del tiempo para visitar cuantos países quiera, y sabe también que muchos nos quedan por visitar juntos. Con él descubrí Nueva York (aunque no Soho ni TriBeCa), y con él seguramente cumpla dentro de poco mi deuda escandinava.
Y un amigo no es tal si no se comparten también los malos momentos, y de eso sabemos mucho. Ambos nos hemos apoyado en el hombro del otro para llorar nuestras penas, y santa paciencia ha demostrado para aguantar mis rayadas mentales y mis bajones dominicales.
Por eso le echo tanto de menos. Y por eso espero con impaciencia que llegue el mes que viene para tenerle de nuevo por Madrid.
¡¡¡Muchas zas-zas-felicidades, Pablito!!!
viernes, 12 de febrero de 2010
021. Treinta
Uno de los hechos más destacables en mi estreno de los 20 fue la irrupción de mi amiga Ana en nuestra vida; en la mía y sobre todo en la de mi mejor amigo de la infancia, Alfonso. Apenas tres meses después de mi vigésimo cumpleaños, comenzaron una relación que les llevará, justo tres meses después de mi trigésimo cumpleaños, a pasar por el altar y comenzar una nueva etapa en su vida. Y como yo tengo asociada, de forma inevitable, mi propia felicidad a la de mis amigos, no se me ocurre mejor forma de enmarcar lo que ha sido esta década de mi vida.
Los "veinti", la etapa que abarca de la primera juventud semiadolescente a la juventud madura en la que se empiezan a degustar ciertos logros conseguidos en el primer tercio de tu vida. Década que, en mi caso, ha reunido también los últimos coletazos de la adolescencia en forma de descubrimientos vitales, debido a un alargamiento de mi infancia, y primeros signos de treintañero acomodado. Sí, los treinta, esa década que con tanto pánico observo, pero que es mi década, aquella que más disfrutaré, aquella para la que he venido a este mundo. Suficientemente joven para seguir con mi acelerado ritmo de vida, viajes, música y escapadas; y ya lo bastante maduro para disfrutar de ciertos placeres de la vida vetados a una edad más temprana.
Mis "veinti", que comenzaron el año del "efecto 2000", algo que yo veía aún desde la carrera, pensando en aquello de lo que me había librado. Porque no fue hasta tres años después cuando comencé a trabajar. Trabajos cada vez más serios, con mayor responsabilidad, y que despiden mi época de veinteañero desde el edificio enmoquetado de una multinacional, ofreciéndome un nuevo proyecto bastante estimulante. Y consciente de todo lo que llevo aprendido y de que, por primera vez, empiezo a no ser el último mono. Y eso, quizá, visto desde la distancia, da un poco de vértigo. Señal de que aún me puedo considerar principiante en algunos aspectos de la vida.
En otros aspectos no lo soy, sino que lo era al comienzo de la década. Recuerdo mi primer escarceo sexual de los veinte, aquel piso de Vallecas, aquella cruz que pasó de mi cuello al bolsillo, para no salir ya más. Década bastante poco aprovechada a nivel sexual, podrían pensar algunos, pero de la que no me arrepiento prácticamente de nada en ese campo. Mi década lo fue también de Mario y Nacho, aunque este no es lugar ni momento para hablar de ellos. Años de enorme felicidad, alternada con una angustiante travesía por el desierto. Años de alegrías, saltos del corazón, sexo en sitios imposibles, y lágrimas. Muchas lágrimas. Y años de "mamá este es mi novio", "chicos, soy gay", "con amigos no, que se jode todo", "sabía que iba a pasar esto" y "estoy muy solo". Donde mi corazón se ha sentido mimado, alegre y potente, pero también ahogado, sacudido y abandonado. Años con un poco de todo, que acaban de la mejor forma posible. Planteándome si finalmente creer en el Destino...
Una de las cosas que marcan mi vida son los viajes. Y parece mentira cómo han cambiado las referencias respecto a esto. Antes, el "viaje del año" era pasarme el mes de agosto con la familia en el norte, y una "escapada improvisada" podía ser algo preparado durante meses. En 2004 comenzamos a aprovechar los vuelos de bajo coste para irnos a Londres, como único viaje del año, y he llegado a 2009 con varios viajes anuales, entre ellos uno a Nueva York que surgió como si fuese un finde playero. En esta década he estado en Portugal, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Alemania, Bélgica, Italia, Vaticano, Estados Unidos y Canadá (durante un par de horas). Y de España, creo que ya conozco casi todas las autonomías.
Asociado a los viajes, viene la fotografía. Siempre me ha gustado hacer las fotos de cada viaje, pero fue a partir de 2003, con mi Kodak digital, cuando comenzó a apasionarme. Sigue siendo algo "a futuro", ya que no he tenido realmente ocasión de hacer unas sesiones en condiciones, sólo tímidos intentos, pero mi Nikon, su par de objetivos y el trípode ya han dado alguna pequeña muestra de que van a tener protagonismo estos próximos años.
Qué duda cabe que los grandes protagonistas de mi vida en estos años son mis amigos, que son todo para mí. Pero también, de otra forma, otro ser vivo ha ocupado los principales titulares. Cómo no, me refiero a Socs, mi perro. Alguien al que ya quería sin conocerle (como algo inalcanzable, así te quería...). Mi gran sueño de tener perro se materializó hace 7 años, el día de San Valentín y por medio de mis amigos, para disgusto (y posterior aceptación) de mi madre. En la perrera aguardaba este pequeño de apenas 3 semanas, junto a sus hermanos, intentando disimular sus grandes patas que avisaban de su gran tamaño de adulto. Ha sido un poco fastidio a veces, pues las responsabilidades asociadas dificultan viajes o noches en casa ajena, pero estas molestias han quedado de sobra compensadas con el cariño y fidelidad demostradas. Anda que no habrá escuchado el pobre animal mis rayadas, lamentos, noticias... Y anda que no agradece un gesto de cariño por tu parte, multiplicándolo por diez en la respuesta.
Como resumen bastante genérico, estoy muy contento y orgulloso de lo que han sido mis 20, y espero con muchas ganas los 30. Más que nada, porque empiezan de la mejor forma posible: retos nuevos en el curro, boda de mis mejores amigos, ganas de seguir yendo al gimnasio, viajes a la vista, y una persona que me ha devuelto la ilusión y la alegría.
Dentro de 10 años, os cuento cómo ha ido.
Los "veinti", la etapa que abarca de la primera juventud semiadolescente a la juventud madura en la que se empiezan a degustar ciertos logros conseguidos en el primer tercio de tu vida. Década que, en mi caso, ha reunido también los últimos coletazos de la adolescencia en forma de descubrimientos vitales, debido a un alargamiento de mi infancia, y primeros signos de treintañero acomodado. Sí, los treinta, esa década que con tanto pánico observo, pero que es mi década, aquella que más disfrutaré, aquella para la que he venido a este mundo. Suficientemente joven para seguir con mi acelerado ritmo de vida, viajes, música y escapadas; y ya lo bastante maduro para disfrutar de ciertos placeres de la vida vetados a una edad más temprana.
Mis "veinti", que comenzaron el año del "efecto 2000", algo que yo veía aún desde la carrera, pensando en aquello de lo que me había librado. Porque no fue hasta tres años después cuando comencé a trabajar. Trabajos cada vez más serios, con mayor responsabilidad, y que despiden mi época de veinteañero desde el edificio enmoquetado de una multinacional, ofreciéndome un nuevo proyecto bastante estimulante. Y consciente de todo lo que llevo aprendido y de que, por primera vez, empiezo a no ser el último mono. Y eso, quizá, visto desde la distancia, da un poco de vértigo. Señal de que aún me puedo considerar principiante en algunos aspectos de la vida.
En otros aspectos no lo soy, sino que lo era al comienzo de la década. Recuerdo mi primer escarceo sexual de los veinte, aquel piso de Vallecas, aquella cruz que pasó de mi cuello al bolsillo, para no salir ya más. Década bastante poco aprovechada a nivel sexual, podrían pensar algunos, pero de la que no me arrepiento prácticamente de nada en ese campo. Mi década lo fue también de Mario y Nacho, aunque este no es lugar ni momento para hablar de ellos. Años de enorme felicidad, alternada con una angustiante travesía por el desierto. Años de alegrías, saltos del corazón, sexo en sitios imposibles, y lágrimas. Muchas lágrimas. Y años de "mamá este es mi novio", "chicos, soy gay", "con amigos no, que se jode todo", "sabía que iba a pasar esto" y "estoy muy solo". Donde mi corazón se ha sentido mimado, alegre y potente, pero también ahogado, sacudido y abandonado. Años con un poco de todo, que acaban de la mejor forma posible. Planteándome si finalmente creer en el Destino...
Una de las cosas que marcan mi vida son los viajes. Y parece mentira cómo han cambiado las referencias respecto a esto. Antes, el "viaje del año" era pasarme el mes de agosto con la familia en el norte, y una "escapada improvisada" podía ser algo preparado durante meses. En 2004 comenzamos a aprovechar los vuelos de bajo coste para irnos a Londres, como único viaje del año, y he llegado a 2009 con varios viajes anuales, entre ellos uno a Nueva York que surgió como si fuese un finde playero. En esta década he estado en Portugal, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Alemania, Bélgica, Italia, Vaticano, Estados Unidos y Canadá (durante un par de horas). Y de España, creo que ya conozco casi todas las autonomías.
Asociado a los viajes, viene la fotografía. Siempre me ha gustado hacer las fotos de cada viaje, pero fue a partir de 2003, con mi Kodak digital, cuando comenzó a apasionarme. Sigue siendo algo "a futuro", ya que no he tenido realmente ocasión de hacer unas sesiones en condiciones, sólo tímidos intentos, pero mi Nikon, su par de objetivos y el trípode ya han dado alguna pequeña muestra de que van a tener protagonismo estos próximos años.
Qué duda cabe que los grandes protagonistas de mi vida en estos años son mis amigos, que son todo para mí. Pero también, de otra forma, otro ser vivo ha ocupado los principales titulares. Cómo no, me refiero a Socs, mi perro. Alguien al que ya quería sin conocerle (como algo inalcanzable, así te quería...). Mi gran sueño de tener perro se materializó hace 7 años, el día de San Valentín y por medio de mis amigos, para disgusto (y posterior aceptación) de mi madre. En la perrera aguardaba este pequeño de apenas 3 semanas, junto a sus hermanos, intentando disimular sus grandes patas que avisaban de su gran tamaño de adulto. Ha sido un poco fastidio a veces, pues las responsabilidades asociadas dificultan viajes o noches en casa ajena, pero estas molestias han quedado de sobra compensadas con el cariño y fidelidad demostradas. Anda que no habrá escuchado el pobre animal mis rayadas, lamentos, noticias... Y anda que no agradece un gesto de cariño por tu parte, multiplicándolo por diez en la respuesta.
Como resumen bastante genérico, estoy muy contento y orgulloso de lo que han sido mis 20, y espero con muchas ganas los 30. Más que nada, porque empiezan de la mejor forma posible: retos nuevos en el curro, boda de mis mejores amigos, ganas de seguir yendo al gimnasio, viajes a la vista, y una persona que me ha devuelto la ilusión y la alegría.
Dentro de 10 años, os cuento cómo ha ido.
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