Hablando de todo y de nada, cosas serias y coñas varias. Política, humor, música y relatos. Todo cabe aquí.
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domingo, 13 de marzo de 2016
157. Domingueo
Tienes una semana horrible, así que tus amigos organizan una escapada al pueblo que te viene genial para desconectar. Pero claro, llega el domingo por la tarde. El famoso domingo por la tarde, aquel que creías olvidado y vuelve con fuerza.
Estás bastante cansado, con bajoncillo y preocupado por varias cosas (por ejemplo, un perro con más achaques cada día, o tus demonios internos atacando). ¿Cuál es la solución? Piensas en encerrarte en casa, ver una peli que te apetece ver, darte una larga ducha caliente y perder el tiempo en Facebook hasta que llegue la hora de dormir.
Pero te das cuenta de que esa no es la solución. De que llegaría otro domingo noche acostándote con sensación de vacío, y con agobio de un lunes de curro. Así que decides que eso no va contigo, y le pones remedio. Y optas por uno de tus planes favoritos que tienes algo abandonado: tomarle el pulso a la ciudad.
Te pones el abrigo, sales a la calle y decides darte un paseo hacia el centro, sin ruta concreta. Y haces turismo improvisado, saludas a desconocidos, ayudas a turistas en inglés, haces alguna foto, te das un capricho de chocolate, ves un espectáculo en Sol, planificas alguna que otra cosa para este mes y piensas en lo que mola tu ciudad.
Y vuelves a casa con alegría y una sonrisa en la cara. Y esa, esa sí es forma de afrontar las cosas. Porque la vida siempre, siempre tiene su lado positivo.
jueves, 11 de noviembre de 2010
038. ¿Y mi tiempo?
Con las novedades que últimamente trae mi vida, encabezadas por el piso nuevo, noto cómo el tiempo se me va esfumando... No tengo la sensación de estar agobiado de cosas, pero sí que es cierto que, si me paro a pensar, nunca tengo hueco para las mil cosas que venía haciendo antes.
Mi rutina era llegar a casa, directamente desde el curro o después de haber quedado con alguien, y encender el ordenador. Ponerme al día, en cuanto a noticias, correos, vídeos y redes sociales. Y después a la cama. Sin embargo, ahora raro es el día en que lo enciendo. De hecho, lo más sorprendente es que se me olvida que me compré ya el nuevo portátil y no lo he encendido más que una vez. Si no fuese porque me pongo al día en el metro gracias al smartphone, estaría desconectado del todo. Pero los mails pendientes y las cosas por mirar se siguen acumulando...
También pasa, y esto es más grave, con la gente. Lo de "vernos al menos una vez por semana" con mi grupo no siempre se llega a cumplir. Con el resto de amigos, tengo que planificar cenas o cafés hasta con semanas de antelación. Con la gente con quien tengo menos contacto, se está reduciendo al contacto virtual. Y a mi abuela no voy a verla tanto como me gustaría.
Quiero volver a tener un día de esos de "no hacer nada", otro de poder irme a pasear por el Retiro con el perro, ver a toda la gente que tengo pendiente, vaciar mi bandeja de entrada, sacar el portátil nuevo de la caja, aumentar la frecuencia de asistencia al gimnasio...
Y aunque estoy viviendo todo este año de cambios y novedades a tope, también husmeo en el horizonte para ver ese día en que todo se asienta y mi vida se estabiliza.
Mi rutina era llegar a casa, directamente desde el curro o después de haber quedado con alguien, y encender el ordenador. Ponerme al día, en cuanto a noticias, correos, vídeos y redes sociales. Y después a la cama. Sin embargo, ahora raro es el día en que lo enciendo. De hecho, lo más sorprendente es que se me olvida que me compré ya el nuevo portátil y no lo he encendido más que una vez. Si no fuese porque me pongo al día en el metro gracias al smartphone, estaría desconectado del todo. Pero los mails pendientes y las cosas por mirar se siguen acumulando...
También pasa, y esto es más grave, con la gente. Lo de "vernos al menos una vez por semana" con mi grupo no siempre se llega a cumplir. Con el resto de amigos, tengo que planificar cenas o cafés hasta con semanas de antelación. Con la gente con quien tengo menos contacto, se está reduciendo al contacto virtual. Y a mi abuela no voy a verla tanto como me gustaría.
Quiero volver a tener un día de esos de "no hacer nada", otro de poder irme a pasear por el Retiro con el perro, ver a toda la gente que tengo pendiente, vaciar mi bandeja de entrada, sacar el portátil nuevo de la caja, aumentar la frecuencia de asistencia al gimnasio...
Y aunque estoy viviendo todo este año de cambios y novedades a tope, también husmeo en el horizonte para ver ese día en que todo se asienta y mi vida se estabiliza.
jueves, 16 de septiembre de 2010
035. Mi vida, parte 2
Abres ilusionado la puerta de tu casa con la llave que acabas de recibir. Subes persianas para ver algo, claro, porque aún no tienes contratada la luz.
Miras las habitaciones vacías, llenas aún de polvo de obra.
En el salón, te sientas en el suelo, apoyado en la pared, justo donde en un futuro estará el sofá. Ahí, solo, en el suelo desnudo de tu casa vacía, rodeado de papeles del banco, contemplas la pared de enfrente, cada esquina, el techo. Y empiezas a imaginar la distribución allí. Y ese mueble. Y la tele. Y la mesa de comedor. Pero sobre todo, te imaginas viviendo allí.
Y te sientes orgulloso de ti mismo. Es tuyo. Tu casa. Tu futuro.
Bienvenido a tu nueva vida. Gracias, año 10.
Miras las habitaciones vacías, llenas aún de polvo de obra.
En el salón, te sientas en el suelo, apoyado en la pared, justo donde en un futuro estará el sofá. Ahí, solo, en el suelo desnudo de tu casa vacía, rodeado de papeles del banco, contemplas la pared de enfrente, cada esquina, el techo. Y empiezas a imaginar la distribución allí. Y ese mueble. Y la tele. Y la mesa de comedor. Pero sobre todo, te imaginas viviendo allí.
Y te sientes orgulloso de ti mismo. Es tuyo. Tu casa. Tu futuro.
Bienvenido a tu nueva vida. Gracias, año 10.
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