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miércoles, 14 de diciembre de 2016

170. Santi y Eva


Sorprendiéndose a sí mismo, ahí estaba Santi, totalmente desnudo, mostrándose sin pudor ante ella. Parecían haber desaparecido todos sus complejos e inseguridades, y se mostraba natural, con sus pelos, su tripilla, sus cicatrices de la reciente operación. Eva era de las pocas personas que había conseguido eso en tan poco tiempo. Con ella se sentía confiado y a gusto.

No podía dejar de mirar sus ojos; esos ojos grises azulados llenos de historias. Cómo se entornaban con su preciosa sonrisa, que ella había sido incapaz de evitar en todo el día. Con sus dedos, recorría las femeninas curvas, el pliegue del ombligo, los pequeños pezones, los lunares de los hombros. Adoraba sus imperfecciones, todo aquello que se salía de los cánones de belleza de las revistas. Sabía que prefería ese cuerpo que exploraba ahora con sus manos a aquellos artificiales maniquíes. Esto era lo que le excitaba, lo que había llevado a esas horas de desenfrenado sexo previo y actual estado de atontamiento.

Santi no sabía qué era esto, a dónde les llevaba y si tenía sentido; al fin y al cabo, hace apenas un mes era una desconocida. Ahora sólo se preocupaba del momento, de entregarse a esa chica con la que tenía una confianza digna de varios años de relación. Y así llegó el amanecer, amenazando con una nueva jornada laboral sin haber dormido nada, iluminando la habitación mostrando prendas aquí y allá.

- ¿Nos vemos esta tarde?
- Alguien tendrá que comerse todo lo que sobró de la cena…

"Maldita sea, quita esa sonrisa que me atrapa o no podré irme nunca a trabajar".


sábado, 6 de agosto de 2016

165. Extracto



Y estos días recuerdo cuando compartías conmigo esas chorradas por las redes sociales. Y cuando seguíamos escribiendo por el móvil minutos después de habernos despedido en tu portal. Recuerdo cómo te acordabas de mí en cualquier momento y me escribías, o compartías conmigo audios de temazos que sonaban y a ambos nos encantaban. Los paseos por la playa, las risas en el cine, los golpes a la raqueta. Todo eso se ha ido extinguiendo. No, nunca llegamos a nada, las circunstancias, la distancia, tus viajes, lo impedían. Pero la chispa siempre estuvo. Ahora lo dudo.

Es mejor; la distancia, tanto física como figurada, ha ayudado a que la llamita no provoque un incendio. Bueno, eso me dice el cerebro. Su tozudo vecino corazón se resiste a darse por vencido y manda señales a las tripas para que se revuelvan cuando algo me recuerda esos momentos.



Nota: Extraído de mis Textos Inconclusos. No es autobiográfico ;)



jueves, 7 de julio de 2016

163. Lo que queda al final


Realmente, no se enteró de la transición. Sólo recordaba la desagradable sensación de desear que todo acabase y pudiese descansar. Y no podría decir en qué preciso momento se fue, igual que cuando te duermes por una anestesia.

El hecho es que se encontraba ahora aquí. Sin saber qué es este "aquí", pues las otras personas también estaban algo desorientadas, esperando no se sabe muy bien qué. Esto no tenía nubes y arpas, ni fuego y oscuridad. Tampoco había tristeza en la gente, o desesperación; al fin y al cabo era la primera vez que se morían y no sabían ni cómo reaccionar.

Pero ahí estaban. Como si se llevasen esperando mucho tiempo y encontrarse fuera lo más normal del mundo. Toda la gente a la que había querido, y que se había ido antes o se había ido después; realmente importaba poco el orden de llegada. Y estaba su primer amor, radiante como siempre. Y su locura de verano. Y aquella amistad "especial" que tantos quebraderos de cabeza le causó. Y aquella persona con la que firmó unos papeles de unión y otros de separación unos años después. Y su amor secreto, que ahora sabía todo.

Y lo que unía a todos, en ese momento, era el amor. Nada importaban las rayadas, las complicaciones, las diferencias. Se quitó preocupaciones y se le hinchó el pecho con esa sensación tan agradable de plenitud. Comprendió que la vida es complicada, eso es inevitable, pero que al final se estaba quedando con lo que de verdad importa. Y que lo que le mantuvo vivo todos esos años, más aún que la mecánica de su corazón, fue esa conexión con la gente especial, ese cariño. Y que ni uno solo de los abrazos o los besos que dio estuvo de más, pues fue oxígeno para sus pulmones, sangre para sus venas.

No dejéis nunca de amar, pequeños, aunque os complique la vida. Benditas complicaciones.

martes, 28 de junio de 2016

162. Orgullo LGTB 2016 - Activismo


Este año quiero hablar un poco del activismo. En primer lugar, reconocer la labor de todos los que se dejan la piel por ayudar a los demás: la que se marcha a coordinar un hospital en Sudán, el que organiza una huelga de hambre para conseguir que el estado financie un caro medicamento, o el que regala su tiempo para apoyar a jóvenes en riesgo. Sin esa gente no se habrían conseguido muchas de las cosas de las que ahora disfrutamos.

El problema viene cuando perviertes el concepto de activismo, y por lo que veo suele suceder de dos formas. En primer lugar, el activista debe pasar desapercibido en la medida de lo posible. Que sus actos sean visibles, no él. Cuando organizas algún acto y al publicarlo hay más selfies tuyos que del acto en sí, algo mal estás haciendo. El concepto "activista estrella" sólo es bueno para su ego, no para la causa.

El otro problema es considerar las luchas aisladas. He visto activistas LGTB muy activos, siempre con la bandera arcoiris, que no mueven un dedo cuando los que sufren son sirios (de todo tipo de condición sexual) que tienen que huir a un campo de refugiados. O muy preocupados por pasárselo bien la noche de la fiesta del Orgullo mientras destrozan su ciudad que luego otros tienen que limpiar.

Así que sí, sigamos luchando por que todos tengamos los mismos derechos. Y para que lo que se valore sea la persona, no lo que tenga entre las piernas o con quién se acueste. Aquí y en Uganda. Pero no hagas del "ser gay" o "ser trans" tu modo de vida.

Y, sobre todo, sed felices :)

El vídeo que os comparto este año, precioso:


Y la música la pone Mägo de Oz ;)


martes, 11 de agosto de 2015

149. No intentes entender esto...


[Otro texto rescatado de una época regularcilla de mi vida. Noviembre 2009]


No intentes entender esto...
Y sirva este domingo melancólico para poner un broche a una semana difícil, de las más difíciles de mi vida. Que ha servido para plantearme muchas cosas, para pensar en otras. Para darme cuenta de quién vale y de quién no. De quién esta, quién llama, quién se preocupa y quién no.

Y de pensar en mí mismo.

En mi pasado, en mi presente y en mi futuro. Futuro cercano, eso sí, que mirar más allá marea. Yo, yo, yo. Yo y el mundo, millones de vidas, millones de sentimientos distintos. Pasear junto a los Jardines de Sabatini, de noche, volviendo a casa y fijándose en todos y cada uno de aquellos con los que te cruzas. Increíble. Toda la vida que irradia cada uno. Todos esos sentimientos que guarda, y cómo algunos de ellos han tomado la delantera hoy y salen al exterior. Como mis lágrimas, de tristeza y melancolía, que conviven con mi sonrisa por estar vivo, estar viviendo. No, yo tampoco me entiendo. Pero estoy feliz de ello. Tengo muchos, muchos años aún para conocerme.

Y no voy a procurar alegrarme más por la felicidad creciente de los que me rodean. Porque sería falso. Claro que me alegro, pero me hace daño, y es un hecho que nunca podrá cambiar. Muchas patadas al estómago, muchas puñaladas al corazón en tan solo unos días. Mi corazón está cansado. Pero con eso voy a seguir, es absurdo y contraproducente intentar que no te afecte, o tratar de ser feliz. La felicidad viene sola, igual que se va. Es algo muy inconstante. Mejor asumirlo y saber llevar la alegría y la tristeza, convivir con tus sonrisas y tus lágrimas.

Me veo ahora de mayor, abrazado a mi vida pasada, y cómo estaré en una sociedad que no entiendo, con una juventud con valores distintos, y en definitiva un mundo que no me pertenece. Y sabré que mi hora habrá llegado y habrá que dejar todo este mundo y este legado a otros cuantos millones de personas.

Luchar tiene sentido cuando realmente puedes conseguir algo útil por la gente, o por ti mismo. Tratar de cambiar algo por el simple hecho de que no te gusta, te agota, en todos los sentidos, y te hace desviarte de tu principal camino: disfrutar la vida.

Me dan tanta, tanta pena aquellos sin personalidad, sin vida, sin interés. Hay tanto ahí, cerca, tanto por vivir. Bueno o malo. Y según el día uno será más abundante que otro.

No quiero follar. O sí.
No quiero amar.

O sí.
 

viernes, 7 de agosto de 2015

148. Hoy... una brecha


[ Rescato este texto que escribí en Agosto de 2009, uno de mis momentos bajos ]



Y... ¿has pensado en mí estos meses?
¿Te ha preocupado alguna vez el rumbo de mi vida?

Supongo que conoces los grandes titulares, igual que yo sé de ti. Sin profundizar en la noticia. Sin saber realmente el uno del otro.

Y... ¿me has echado de menos?
Lo supondrás, pero yo a ti sí, mucho. Y sabes que no de aquella forma, aquello que pasó, que finalizó y que no resurgirá porque se fundió y perdió su forma.

Echo de menos esas risas cómplices, ese llegar donde nadie llega. Esa forma increíble de saber sin palabras algo que nadie más puede intuir.

Esas llamadas en la distancia, esa confianza ciega, esos secretos.

Esa parte que has sido, eres y serás en mi vida.

Quizá porque despertaste algo en mí que nadie más consiguió nunca, quizá porque contigo llegué a lo más alto, quizá porque... eres tú.

...quizá porque soy imbécil...

Por lo que sea, pero no puedo tolerar que desaparezcas de mi vida...



Aunque nunca llegues a leer esto.


martes, 11 de noviembre de 2014

137. Ven



Ven, cógeme, secuéstrame, llévame a tu escondite secreto, para que se convierta en nuestro. Regálame el amanecer a tu lado, el roce de tu cuerpo entre sueños, tu vaso de agua, el abrazo al despertar y el vello de tu pecho acariciando mi mejilla.
Quiero olvidarme de niñatos y de tíos de vuelta de todo; de despegados y acosadores; de quien cree conocerme mucho y de quien no quiere conocerme. De promesas incumplidas. De reproches. De quien aprovecha cualquier excusa para echarme algo en cara. De quien empieza las conversaciones con "yo" y las sigue con "yo". De quien se cree con derecho a llamarte "amigo" cuando no es capaz de saber qué me hace daño, o cómo evitarlo.

Anoche te vi. A ti. Y desperté.



[Mini-relato escrito en 2009]


lunes, 9 de diciembre de 2013

125. Reflexiones de primavera


No sabe por qué lo hizo, pero ese día no se subió al autobús. Pasó de largo la parada y siguió andando, calle abajo. No había razón, ni tampoco destino. Pero, simplemente, como si fuese lo más natural del mundo, sintió que ese día no debía ir a trabajar. No pensó en excusas, planes o cosas pendientes, simplemente siguió los pasos que una especie de sexto sentido, o de Destino escrito en alguna parte, le marcaban.

Tras andar un buen rato en dirección al centro de la ciudad, de pronto notó como si descendiese de su nube, como si volviese a pisar tierra, como si desapareciese esa bruma que le había llevado hasta allí, y se vio a sí mismo desde fuera. Ahí estaba, en aquellas céntricas calles que sólo pisaba algunos días, especialmente aquellos que dedicaba a compras, y que compartía con miles de personas que tenían su mismo horario laboral. Pero ahora estaba en un ambiente totalmente distinto. Era primera hora, los comercios no estaban abiertos, y la frenética actividad se había trasladado de las aceras a la calzada, y ofrecía un espectáculo de miles de coches rodeados por una densa nube de contaminación, gritos, caras amargas, pitidos de guardias y algún que otro claxon. Le resultó chocante ver aquella escena desde fuera, algo en lo que participaba diariamente desde hacía años, y ahora le resultaba tan ajeno.

Sintió una curiosa sensación de libertad, como si hubiese roto unas cadenas invisibles que le tenían preso desde hacía mucho tiempo. Una libertad que sentía normal y justa, ya que no le pareció raro poseerla, pero que no había sabido ver desde hacía mucho. Libertad para hacer lo que quisiera durante todo el día, 12 horas de Sol por delante dispuestas a ser ocupadas.

Decidió concederse a sí mismo el capricho de un desayuno principesco, así que entró en una de las cafeterías con más solera de la ciudad, y pidió un chocolate con churros junto a zumo, tostada y un poco de queso brie. Tras esto, se acercó al parque tan frecuentado por universitarios (que a esas horas aún dormían) y, aprovechando los primeros calores primaverales, decidió disfrutar de una de sus praderas.

Sentado sobre la hierba, se sintió por primera vez en mucho tiempo libre de dejar fluir sus pensamientos, aquellos siempre retenidos por un sueño descomunal, una carga de trabajo excesiva, o un agotamiento extremo. Al verse libres, estas ideas, miedos y recuerdos se agolparon precipitadamente en la cabeza de nuestro protagonista. Por ello, se sintió muy raro, golpeado a la vez por sentimientos de alegría, de tristeza, de angustia, de miedo, de frustración, de esperanza y de duda. Sólo con asentar todas las sensaciones de lo vivido la última semana dio para mucho. Aprovechando su experiencia laboral en documentación, clasificó mentalmente esos pensamientos, tarea que le llevó, aunque él no lo apreciase, mucho tiempo, para comenzar luego a desgranar cada uno de ellos.

Se vio en ese entorno, tan dado a que las jóvenes parejas diesen rienda suelta a su amor, con los chicos bocabajo tratando de ocultar sus erecciones mientras acarician a sus parejas, intentando cada vez con más descaro alcanzar su pecho, algo que ellas cortan con un repentino sentido del pudor. El típico fondo usado por los informativos para ofrecer un nuevo informe sobre sexualidad y prevención. Al verse ahí, recordó sus años de adolescencia y primera juventud. De sus torpes y tardíos inicios en el sexo. Y de pronto se vio inundado por una sombría sensación de haber perdido el tiempo, de haber malgastado torpemente su vida.

Objetivamente, no podía quejarse de la vida que llevaba, sin problemas económicos, con casa, hermanos con los que mantenía buena relación, amigos a los que paraba de ver, y muchos planes recientes y futuros. Así que, sintiéndose culpable precisamente por tener esa sensación sombría, aparentemente sin razón, la tristeza le empezó a pesar más.

¿Por qué no era capaz de sentirse del todo feliz? ¿Por qué no podía apartar esa tristeza? ¿Dónde había perdido esa alegría? Era buena gente, buen amigo, buen hermano, buen trabajador; se lo repetían continuamente. Mucho amor que dar, pero un amor que no era bien canalizado. Él tenía un papel en el mundo, y no estaba siendo capaz de cumplirlo. Sí, era eso. Estaba fallando a su Destino, a su "guionista", a su "jefe". No estaba siendo capaz de hacer aquello para lo que le contrataron al nacer, aquel papel que tenía reservado y con el que más podría marcar a los demás y dejar su huella. Cada uno tiene un talento, o una razón para estar aquí, y él, que a diferencia de mucha gente estaba descubriendo el suyo, sentía cada vez más pesar, más agobio y más angustia. Si a un delantero le fichan para marcar y no lo hace, no importa que juegue bien. Si un político es elegido para luchar por la presidencia pero no lo consigue, no habrá servido de nada.

Pero fue descubriendo algo aún peor. No sólo estaba fuera del camino que le juntaba con su Destino. Empezó a comprender que, sin desearlo, se estaba construyendo una especie de coraza que no dejaba mostrar precisamente lo mejor de sí, que le estaba bloqueando para conseguir su sueño, su anhelo, su "presidencia". Se estaba volviendo frío y desconfiado. Estaba en una espiral de la que le costaría salir...

No le importó ser el centro de atención de las miradas cuando se las lágrimas empezaron a mojarle los pantalones. Sabía que no había consuelo posible. Que el verdadero consuelo lo escondía él mismo, bien dentro, y que la puerta que conducía a él estaba absolutamente bloqueada.



Se había levantado algo de fresco, y tenía hambre. Así que se incorporó y volvió a sumergirse en el frenético ritmo de la gran ciudad. A diluirse entre la masa, a ser, simplemente, uno más. A esconder de nuevo esos sentimientos bajo el estrés, el cansancio y el sueño.



[ Reflexión escrita en marzo de 2009]

martes, 21 de agosto de 2012

104. Gente de paso


A lo largo de la vida conocemos a mucha gente. Algunos nos marcan más, otros menos. Con el paso del tiempo, nos damos cuenta de quiénes son los primeros, y que con ellos es con quien merece más la pena pasar el tiempo. Aunque, al final, todos son en cierta forma importantes. Incluso los que nos hacen daño. Porque no seríamos quienes somos sin la suma de todas las experiencias pasadas. Las buenas nos hacen crecer; las malas, aprender.

Pero una cosa debemos tener clara. Nada (ni nadie) es para siempre. O no debemos asumirlo así, por nuestro bien. Es cierto que existen amigos "de toda la vida", yo mismo conservo a mi mejor amigo desde los 4 años; o parejas que mantienen el amor desde el "sí quiero" hasta el fin de sus días. Pero, en la mayoría de los casos, esto no es así, aunque deseemos con todas nuestras fuerzas que lo sea. Las parejas se rompen, son felices durante un tiempo hasta que dejan de quererse, ya sea por agotamiento o por algún hecho en concreto; entonces se rompen o se mantienen por rutina. Y con los amigos igual, gente del colegio a la que a lo mejor ves cada 2 años o "colegas inseparables de la uni" con la que ya sólo conectas por Facebook o LinkedIn. Ahora te relacionas sobre todo con los padres del mejor amigo de tu hijo cuando vais al cine o cenáis en el McDonald's.

No quiero ser negativo, por supuesto que hay miles de casos en que una amistad dura décadas, pero asumamos que también pasa que, lo que creíamos inalterable, acaba quedando en recuerdo del pasado. Porque cambian nuestros gustos, nuestra ciudad, nuestros hábitos. Y por lo tanto, "nuestra gente". Con esto, no digo que sea malo, en absoluto. Sólo que hay gente fundamental en determinados momentos de nuestra vida, y gente distinta en otros. Todos nos marcan, y a todos les necesitamos.

Y tenemos que asumir esto, que puede pasar y que, con suerte, será de una forma muy natural, muy gradual. Yo ni me puedo imaginar mi vida sin mis amigos. Pero igual que perdí el contacto con gente en el pasado que me marcó, puede volver a pasar; y gente a la que ni conocía hace dos años ahora forma parte fundamental en mi vida.

El principal valor para llevar bien esto, y asumir que es algo natural en la vida, es querernos a nosotros mismos. Sin egoísmos exagerados, pero sabiendo que nosotros somos los únicos que permaneceremos siempre a nuestro lado y, por tanto, nos debemos fidelidad absoluta.

Y asumir que un amigo, o una pareja, puede no serlo en un futuro. No poniéndonos triste por ello, ni siendo fatalistas, sino todo lo contrario. Disfrutando todos y cada uno de los momentos con esa persona, viviendo esa relación intensamente. Acumulando grandes recuerdos, teniendo experiencias, y aprendiendo cosas. Para que en un futuro, al recordar a esa persona que quizá ya no esté en nuestra vida, tengamos mil historias que rememorar, mil marcas que hizo en nuestra personalidad y que nos ha hecho ser exactamente como somos. Y, lo que es más difícil, detectar cuándo el "yo" pasado de alguien nos aporta más que el "yo" presente, y pensar si es una página que hay que pasar y seguir escribiendo historias de nuestro libro, de nuestra vida. Recuerda, las páginas pasadas no se borran, siguen ahí para consultarlas, pero no escriben nada nuevo; eso nuevo lo estamos escribiendo en este mismo momento.

domingo, 24 de junio de 2012

098. Bodorrio





Es evidente que las cosas van cambiando con el tiempo. Vamos creciendo, madurando. Cambian los planes, las cosas que te llenan. La relación con los amigos va transformándose. Hay gente que sale de tu vida, gente nueva que llega, alguna casi por casualidad. "Novias de", que te las presentan por sorpresa una Nochevieja y enseguida pasan a ser parte fundamental en tu vida.

Me emociona muchísimo recordar ahora las 3 bodas de estos dos años. Mis amigos se casan, están en el día más feliz de su vida, y yo estoy formando parte de ello. Antes éramos amigos, y después de la boda seguiremos siéndolo; pero este paso es uno muy especial y que nos marca. No por la boda en sí, sino por la celebración de que son felices, y lo que nos divertimos todos juntos.

Anoche me reí como nunca, me lo pasé en grande, con la caza de postres, el asalto a las camareras, las gafas-guitarra, los aspersores, los goles de España de fondo, los brindis por los novios, esos bailes tan especiales al final... Y cómo nuestro Carlitos, al que conozco desde que nació, se convierte en Don Carlos (mentira, te llamaremos Carlitos hasta el último día), y Raquel, que ayer era la personificación de la palabra felicidad, es aún más parte de nuestra gran familia.

No sé si está reservado algo así para mí, pero por cosas como estas, me siento inmensamente afortunado de estar vivo y tener a mi lado a gente como esta.

Gracias ;)


jueves, 22 de marzo de 2012

089. A los sesenta




A Óscar le costó un poco atinar con la llave para abrir la puerta de su casa. Aún estaba débil por la operación, aunque la recuperación había sido buena, y además sus habilidades motrices seguían mermándose a pasos agigantados.

Estaba cansado, no sólo físicamente, sino también anímicamente. Era uno de esos días en que se sentía cansado de vivir. Uno de esos días en que notaba todos y cada uno de sus más de 50 años sobre la espalda.

Se derrumbó sobre el sofá, sin acordarse del roto que había en el respaldo y que aún seguía pendiente de arreglar. Se propuso a sí mismo preparar algo antes de que llegasen sus amigos, aún sabiendo que era inútil, pues jamás reuniría las fuerzas para levantarse de aquel sofá. Tenía todo lo que necesitaba para pasar ese par de horas: el mando a distancia de la tele y un vaso de agua que había cogido en la cocina.

Sin embargo, como tantas otras veces, en lugar de encender inmediatamente la tele para tirarse dos horas haciendo "zapping", se quedó mirando a un punto indeterminado en la pared, enfocando al infinito, absorto en sus pensamientos. Y es que era uno de esos días en que un denso humo de melancolía flotaba en el ambiente, y no le iba a dejar respirar con normalidad. Pensar en sus amigos le hacía pensar inevitablemente en ella.

"Mira Óscar, esta es Irene", les había presentado su amigo común Rober. Aquella compañera de curro que poco a poco fue integrándose en el grupo y que finalmente se había ganado la confianza de Óscar. Viajes, películas, excursiones y cafés que crearon un vínculo fuerte en el grupo de treintañeros y crearon en Óscar esa sensación de seguridad y felicidad que siempre había estado buscando. Una sensación que, se decía a sí mismo, no llegaría a más. Recuerda cómo se prohibió pensar en otras cosas, y cómo esquivó las evidentes oportunidades que tuvo de compartir con ella algo más que las risas cómplices del grupo de amigos.

Su clásica educación le hacía esperar esa especie de relación perfecta, de enamoramiento ciego y de seguridad plena, y las dudas sobre el futuro de Irene (un posible traslado al extranjero que al final se confirmó) impedían esa perfección y por eso se negó a intentarlo siquiera.

No sería justo decir que se arrepiente, quizá hizo lo correcto. Quizá ella se hubiera marchado igual y seguramente habría sufrido mucho. Pero era imposible dejar de sentir esa sensación de fracaso, de haber perdido una oportunidad. Esa maldita sensación de soledad, y ese vacío en la mitad de la casa. Ese "algo" que lo amigos no podían ocupar, que quedaba siempre y que atacaba cuando ellos se marchaban y él se ponía a prepararse la cena.

La peor sensación era la de haber perdido tiempo; la de no haber sacado el jugo a la vida, de enredarse en tonterías. Qué de días soñaba con volver 30 años atrás, y dar un par de collejas a su "yo" post-adolescente para que se lanzase al vacío y se quitase el arnés de la desconfianza.

Cuando recupere fuerzas en unos días, se dijo, tengo que dar la vuelta al colchón, mi lado está ya demasiado hundido.



martes, 14 de febrero de 2012

085. Amor es...


[ Relato cursi escrito en 2006 ]



Amor es dedicación.
Amor es entrega.
Amor es felicidad.
Amor es sentir cosas nuevas cada día.
Amor es no comprender la vida sin el otro.
Amor es encontrarte con una sonrisa de tonto en cualquier situación.
Amor es pasarlo mal en las despedidas.
Amor es imaginar un futuro juntos.
Amor es cosa de dos.
Amor es fidelidad.
Amor es sinceridad.
Amor es confianza.
Amor es satisfacer los deseos del otro antes que los tuyos propios.
Amor es fuego, pasión, chispa.
Amor es salir antes del trabajo para sorprender a tu pareja.
Amor es ese qué se yo, que yo que sé.
Amor es un mensajito de sólo 2 palabras en el móvil, "te quiero".
Amor es un abrazo después del sexo.
Amor es hacer locuras.
Amor es gritar su nombre a los cuatro vientos.
Amor es un regalo fuera de fechas señaladas.
Amor es apoyo.
Amor es recordar cada minuto del primer día juntos.
Amor es ser incapaz de dejar de hablar de él.
Amor es compartir silencios sin que resulten incómodos.
Amor es respeto.
Amor es disfrutar de las pequeñas cosas.
Amor es querer conocer a sus amigos.
Amor es querer presentarle a tus amigos.
Amor es animarle a que salga con sus amigos.
Amor es aceptarle y no tratar de cambiarle.
Amor es pensar que el día ha merecido la pena sólo por verle sonreír.
Amor es descubrir lo que le hace feliz y tratar de conseguirlo.
Amor es provocarle náuseas a tus amigos con cursilerías.
Amor es llorar con todas las películas románticas.
Amor es pasar noches en vela.
Amor es una boda íntima.
Amor es olvidarse del "qué dirán".
Amor es algo incontrolable e inexplicable.
Amor es química, es física, poesía y magia.
Amor es un juego en el que ambos jugadores pueden ganar.
Amor es no encontrar a la persona perfecta, sino aprender a creer en la perfección de una persona imperfecta.
Amor es tardar una hora en conocerle y solo un día en enamorarte, pero necesitar toda una vida para lograr olvidarle.
Amor es no querer dormir por la noche, porque tu vida real supera a tus sueños.
Amor es querer para la otra persona únicamente su felicidad, incluso si tú no se la puedes dar.
Amor es preferir un minuto con él a una eternidad sin él.
Amor es cosa de locos; amar cuerdamente es como no haber amado nunca.
Amor es dar el primer beso con los ojos, no con los labios.
Amor es escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón.
Amor es la capacidad de reír juntos.
Amor es lo que mueve el mundo ^^


miércoles, 28 de diciembre de 2011

080. Recuerdos de invierno



Hacía mucho que no volvía andando a casa desde el centro. Realmente, lo echaba de menos.

Y ha sido inevitable que vinieran a mí todos los recuerdos. Recuerdos de hace justo dos años, de cuando tú y yo quedábamos en el centro y volvíamos andando a casa. Cuando empezaste a comprobar lo callado que soy, y lo que me voy soltando con tiempo y confianza. Esos fríos días de invierno en que no nos importaba coger frío en las orejillas, o meter las manos en los bolsillos de la chaqueta del otro para que se calentasen.

Y sí, echo todo eso de menos. Además, una hora de trayecto da para mucho, para pensar y para pasar por lugares en los que tanto hemos compartido. Nuestro chino, del arroz tres delicias y ternera con patatas. El Ginos al que nos gustaba ir y sentarnos bien pegaditos compartiendo la founde de queso. El parque para pasear al perro. La agradable sensación de tener a alguien para quedar el domingo e ir compartiendo pequeños grandes momentos.

El invierno, esta época que me parece más romántica que la primavera, esta época de darse calor uno al otro. Y que este año, entre las grandes multitudes que hay por el centro, me siento tan solo.


[Ya sabes, es una tontería momentánea, mañana se me ha pasado; siempre se me pasa...]

domingo, 25 de septiembre de 2011

074. "Yo solía pensar que la vida es un juego, y la pura verdad es que aún lo creo"




Yo crecí con cuentos de príncipes y princesas, de besos de amor, de historias de sin fin. De ese palpitar, de ese sentimiento que no se explica, de risas, de hablar sin palabras, de hacer el amor con la mirada.

La vida te va enseñando cosas, te va cambiando, vas madurando. Vas siendo más realista. Van desapareciendo las historias, la princesa se convierte en príncipe, el castillo en un parque urbano y el "para siempre" en una época.

Pero eso sigue estando. Igual que tu carácter, tu forma de ser o tu fondo están ahí desde pequeño, tu lado iluso, inocente e ingenuo te acompaña siempre. Y sigues suspirando, mirando por la ventana o paseando por la calle. Y te atacan los recuerdos de esos momentos en que él era lo primero que veías por las mañanas, en que te sorprendía con una visita inesperada, o te hacía un regalo porque sí. Y esos momentos en que, además de feliz, estabas alegre. Y tu sonrisa se encontraba con la suya y tenías alguna respuesta más que tu triste reflejo en el espejo.

Y te vienen también los fugaces instantes en que creías verlo de nuevo pero se quedaba en ilusión pasajera. Y hasta eso echas de menos. Supongo que algo masoca eres, va en el pack, todo incluido. Ahora toca aquello de intentar hacerse a la idea de la compañía de la diosa soledad, de escuchar aquello de "todo llega", "tú te lo mereces" y pasar alguna tarde con Amelie en la tele, o en el gimnasio quemando sueños.

Pero queda, amigos, siempre está ahí. Tú lo sabes. Es época de domingos de tristeza, más difícil de eliminar que unas simples lágrimas.






[ Amaral - Cuando suba la marea ]



viernes, 16 de septiembre de 2011

073. Viernes romántico


Pues hoy es uno de esos días tontos en que por casualidad llegas a determinados sitios en Internet que te tocan un poco la fibra. Mi lado romántico, excesivo a veces, florece, y me pongo algo tonto.

Y veo de nuevo el poema, raro pero, a mi juicio, precioso, de Daniel Valdés:

Báilame el agua

Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de su jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azúcar. Sin aliento.


Y, para rematar, un extracto de una película, que aún no he visto, pero que ofrece este momento inmejorable:




miércoles, 22 de junio de 2011

062. Hoy estoy cursi, lo siento

Y a lo mejor hay días en los que estás más ñoño. Y paras, y piensas. Y vuelven a ti ciertos pensamientos. Y deseos, y sueños.

Y te acuerdas cuando soñabas con esa historia cursi, esa que te contaban los dibujos de pequeño, esa que inunda películas, canciones y libros.

Y sobre todo, eres consciente de que lo alcanzaste, de que lo tocabas con la punta de los dedos. Que te sumergiste a fondo y lo viviste. Que eso podía ser, y era, real.

Y que esa persona existía, que estaba en tu día a día, que llenaste Madrid con recuerdos de los dos. Y que ciertas cosas no volverán a ser igual después de aquello. Ni algunos lugares, ni algunas costumbres.

Te das cuenta de que, por un tiempo, fuiste muy feliz, de eso que te das más cuenta después, cuando te falta, y ese vacío se vuelve a instalar en tu ánimo.


We saw a world no one ever saw before

viernes, 27 de mayo de 2011

061. Volver a sentir

Las sábanas se siguen arrugando tan sólo en mi lado de la cama. Cada noche, mi cuerpo desnudo se tumba, gira de un lado a otro y termina abrazando la almohada. Estos brazos estaban acostumbrados a tener sustento, a buscar un compañero que me lleve a esos sueños, a empezar a soñar antes de cerrar los ojos.

Me despierto en la noche, bebo agua y miro la otra almohada, bien colocada, sin arrugar. Cierro los ojos con fuerza obligándome a evadirme y volver con mi fiel Morfeo.

Y es así al despertarme, al mirar las nulas llamadas o mensajes en el móvil por la mañana. Al comer, o al llegar a casa, cansado, con ganas de compartir muchas cosas. Solo.

Hace tiempo que no hago la cama. Total, sólo se arruga un lado de las sábanas. El otro sigue liso y colocado. Y frío. Al final, las cosas que se dejan sin tocar se quedan frías. Yo mismo lo estoy, y lo peor es el temor de que una simple llamita no sea capaz de calentarme.

lunes, 2 de mayo de 2011

056. (471) Días Juntos

Y aunque fui yo quien decidió que ya no más... es imposible dejar atrás esas tardes, esas noches y esos amanaceres. Las barcas, las escapadas, las palomitas y los gummies. El arroz tres delicias con la ternera con patatas. Enya en bucle, una rosa en el parking del hospital o una caja de 12 regalos.

Mil cositas que guardo y con las que me quedo.

Y un gracias.


Todo acaba donde empezó:

jueves, 2 de diciembre de 2010

040. Días de Otoño

Primeros días de noviembre. Mañana fresquita, pero soleada. Sol de Otoño. No tienes ninguna obligación este día. Quedo con él y salimos al campo los 2 con el perro. Nos llevamos algo de comida y pasamos el día en el césped, entre hojas secas en el suelo, y aprovechando el ligero calorcito que proporcionan los rayos de sol. No hacemos nada en concreto. Miramos el entorno, los árboles anaranjados, los pájaros machos intentando atraer a las hembras con sus cantos. Comemos fruta. Hablamos. Reímos. Nos abrazamos. Vemos cómo empieza a oscurecer.

Recogemos todo, y volvemos a la ciudad. Ya hace bastante fresquito. Nos vamos corriendo a casa, que estoy solo. Nos duchamos, con el agua bien calentita. Nos preparamos unos chocolates calientes, y nos los tomamos mientras vemos una peli tumbados en el sofá.

Hacemos el amor delicada y pasionalmente a la vez. Ya hubo algo en la ducha antes.

Nos dormimos abrazados en la cama, bien tapaditos con el edredón. Prontito, que al día siguiente hay que hacer cosas.

Pero eso da igual, porque hoy ha sido el día perfecto.



[ Escrito en 09/08/2005 ]

jueves, 21 de enero de 2010

019. Cuatro amigos



Ven conmigo, Bárbara, quería decirle. Yo también convertiré nuestro apartamento en un lugar alejado del mundo, no dejaremos que nadie entre en nuestra vida si tú no quieres, levantaré el parquet para que puedas tener un huerto, aprenderé a pilotar avionetas aunque sea para construirlas de papel. Convertiremos la casa en tu laboratorio de fotos, no conocí a nadie que le sentara tan bien la luz roja. Fabricaré playas para ti con arena sobre los tejados. Bárbara, nos inventaremos la vida cada mañana. Le he perdido el miedo a la felicidad, aprenderé a saludarla por el pasillo sin sentirme mal por no estar mal, como antes sospechaba de los sueños si no eran pesadillas. Súbete a este tren y vuelve al lugar al que perteneces. Los grandes egoístas también podemos tener grandes amores. Ven conmigo, Bárbara.



David Trueba, Cuatro Amigos (Anagrama)